Introducción
Panamá es uno de los pocos países del mundo que se declara carbono negativo. Este estatus no se debe únicamente a políticas estatales o iniciativas internacionales, sino fundamentalmente al papel clave que desempeñan los pueblos indígenas, en particular los Kunas y sus territorios en la Comarca Kuna Yala. La conservación de bosques, manglares y arrecifes gestionados por comunidades indígenas no solo es esencial para mantener el balance de carbono, sino también para garantizar la resiliencia climática del país. Sin estos territorios y la gobernanza indígena, la sostenibilidad ambiental de Panamá sería insostenible.
Los Territorios Indígenas y el Carbono Negativo
Panamá conserva aproximadamente 4.5 millones de hectáreas de bosques, de las cuales el 50% están en territorios indígenas, incluidas las Comarcas. Estas áreas gestionadas por comunidades representan una de las mayores contribuciones al carbono negativo del país, gracias a la captura eficiente de carbono terrestre y azul.
1. Carbono Terrestre: Bosques Indígenas
Estudios demuestran que los bosques bajo la gestión indígena tienen menores tasas de deforestación y degradación en comparación con las áreas protegidas manejadas por el Estado. Por cada hectárea de bosque conservado, se evita la emisión de entre 8 y 12 toneladas métricas de dióxido de carbono al año. Sin la protección de estos territorios, Panamá enfrentaría emisiones masivas que dificultarían su objetivo de carbono negativo.
2. Carbono Azul: Manglares y Arrecifes
Los ecosistemas costeros como los manglares, los arrecifes de coral y las praderas marinas en territorios indígenas capturan hasta 10 veces más carbono por hectárea que los bosques terrestres. En la Comarca Kuna Yala, los Kunas protegen arrecifes que funcionan como sumideros de carbono y barreras naturales contra el cambio climático, reforzando la resiliencia ante el aumento del nivel del mar.
¿Por Qué el Estado Prioriza Áreas Protegidas?
A pesar de las pruebas sobre la efectividad de los territorios indígenas en la conservación, los Estados, incluido Panamá, tienden a priorizar la creación de áreas protegidas en lugar de fortalecer Comarcas o reconocer nuevos territorios indígenas. Esto ocurre por varias razones:
Control de Recursos Naturales: Al declarar áreas protegidas, el Estado mantiene el control sobre la gestión y el acceso a los recursos naturales, limitando la autonomía de los pueblos indígenas.
Financiamiento Internacional: Las áreas protegidas son atractivas para los mercados de carbono y los fondos climáticos internacionales, canalizados exclusivamente a través de instituciones estatales.
Centralización de la Gobernanza: Este enfoque ignora la experiencia y capacidad de los pueblos indígenas en la gestión ambiental, reforzando un modelo de exclusión que perpetúa las desigualdades históricas.
Resiliencia Kuna: Una Gobernanza Ancestral
La Comarca Kuna Yala, que abarca más de 5,000 kilómetros cuadrados de bosque y ecosistemas marinos, es un ejemplo vivo de cómo el conocimiento ancestral y las prácticas tradicionales pueden ser modelos de sostenibilidad. La resiliencia de los Kunas se basa en principios de equilibrio con la naturaleza, organizados bajo un sistema político autónomo que prioriza la conservación y la participación comunitaria.
1. Sabiduría y Capacitación
Los sabios indígenas, custodios del conocimiento ancestral, son clave para la gestión sostenible. Sin embargo, el Ministerio de Ambiente de Panamá no incluye su experiencia en las políticas públicas ni ofrece capacitaciones en lenguas nativas. Esto limita la participación efectiva de las comunidades y perpetúa la exclusión cultural.
2. Derechos Humanos y Gobernanza
La falta de consultas previas, libres e informadas en proyectos que afectan a las Comarcas contradice los principios establecidos en el Convenio 169 de la OIT y el Acuerdo de Escazú. Respetar estos derechos no solo es un imperativo ético, sino también una estrategia efectiva para fortalecer la gobernanza ambiental.
Propuestas para una Gobernanza Inclusiva
1. Reconocimiento del Rol Indígena
Los pueblos indígenas deben ser reconocidos como actores clave en la lucha contra el cambio climático. Esto incluye garantizarles acceso directo a los beneficios de los mercados de carbono y financiamiento climático.
2. Reforma en la Gobernanza Ambiental
Establecer consultas obligatorias en lenguas originarias y metodologías adaptadas a contextos culturales.
Crear mecanismos de cogestión de áreas protegidas con las comunidades indígenas, integrando su conocimiento ancestral.
3. Capacitación Inversa
Capacitar a los tomadores de decisiones del Ministerio de Ambiente bajo la guía de sabios indígenas para incorporar sus perspectivas en las políticas nacionales.
Conclusión
Gracias a los territorios indígenas, Panamá ha logrado conservar una porción significativa de sus bosques y ecosistemas marinos, alcanzando un estatus de carbono negativo que es la envidia de muchos países. Sin embargo, este logro no debe ser celebrado sin reconocer las deudas históricas y actuales hacia los pueblos indígenas. Es imperativo que el país transite hacia una gobernanza ambiental inclusiva, donde los Kunas y otras comunidades indígenas sean no solo participantes, sino líderes en la construcción de un futuro sostenible.
El fortalecimiento de sus derechos, la inclusión de su conocimiento y la justa distribución de los beneficios ambientales son pasos necesarios para garantizar la resiliencia de Panamá y del planeta.
Fuentes:
FAO y ONU-REDD: Panamá y la Conservación Forestal.
Acuerdo de Escazú y el Convenio 169 de la OIT: Derechos Ambientales e Indígenas.
Estudios de Carbono Azul y Terrestre en Territorios Indígenas (2022).